El Niño amenaza con golpear el crecimiento y la pobreza en América Latina: ¿qué implica para Guatemala?

El Niño amenaza con golpear el crecimiento y la pobreza en América Latina: ¿qué implica para Guatemala?

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02/10/2026 04:30
La Hora
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Resumen Inteligente

El fenómeno de El Niño vuelve a poner a prueba a América Latina y el Caribe, una región que llega a este episodio climático después de varios años de bajo crecimiento económico y con importantes desafíos para aumentar la productividad. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que un evento de […]

El fenómeno de El Niño vuelve a poner a prueba a América Latina y el Caribe, una región que llega a este episodio climático después de varios años de bajo crecimiento económico y con importantes desafíos para aumentar la productividad. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que un evento de intensidad extrema no solo tendría consecuencias meteorológicas, sino también efectos sobre la producción, los ingresos de los hogares, la pobreza y sectores como agricultura, energía, pesca e infraestructura.

José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la CEPAL, explicó en una entrevista para el medio ecuatoriano Ecuavisa que un episodio extremo podría tener un impacto significativo sobre las economías de la región. La estimación del organismo, contenida en su Informe Especial No. 3. Sobre los efectos de El Niño, calcula una pérdida acumulada de al menos 2% del Producto Interno Bruto (PIB) regional durante tres años, mientras que el impacto negativo sobre los ingresos de los hogares podría sumar hasta 4.8 millones de personas a la pobreza hacia finales de la década, frente a un escenario sin El Niño. La mitad de la pérdida económica se concentraría durante el primer año.

El informe de la CEPAL, publicado el 21 de septiembre de 2026, señala además que los efectos serán heterogéneos entre países y territorios. Es decir, la intensidad del fenómeno no determina por sí sola la magnitud del impacto: las condiciones geográficas y otros factores climáticos pueden provocar sequías en unas zonas y lluvias excesivas, inundaciones o deslizamientos en otras.

UN FENÓMENO QUE PUEDE CAMBIAR EL COMPORTAMIENTO DE LAS LLUVIAS

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó el 3 de septiembre que El Niño ya estaba consolidado y que se esperaba que se fortaleciera hasta alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. Según sus pronósticos, existe una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027. La organización advierte que un evento de esta magnitud puede alterar los patrones de temperatura y precipitación y aumentar el riesgo de sequías, inundaciones y calor extremo.

La OMM también advierte que la intensidad de El Niño no determina por sí sola la gravedad de sus efectos en un país específico. Las consecuencias pueden variar de una región a otra y estar condicionadas por otros factores climáticos, entre ellos las condiciones de los océanos Índico y Atlántico.

La CEPAL, por su parte, estima que para el periodo de octubre a diciembre de 2026 existe una probabilidad de 60% de déficit de precipitaciones, mientras que el 31.1% del territorio regional se encuentra bajo una categoría de alerta alta, según las estimaciones incluidas en su informe especial.

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GUATEMALA: EL RIESGO SE CONCENTRA EN EL CORREDOR SECO

Para Guatemala, uno de los principales puntos de atención está relacionado con el Corredor Seco Centroamericano, territorio que comprende parte del país y que tiene una importante dependencia de la agricultura.

La CEPAL señala, con base en análisis de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que existe una probabilidad superior al 70% de que se produzcan sequías que afecten al sector agropecuario durante los próximos meses en el Corredor Seco Centroamericano, además de zonas de Colombia, Venezuela y algunos países del Caribe. El organismo advierte que estas condiciones pueden amenazar cosechas básicas, disponibilidad de forraje e ingresos rurales.

La FAO también tiene un antecedente específico para Guatemala. En febrero de 2026, la organización informó que la sequía impulsada por El Niño amenazaba los cultivos, el acceso al agua y la seguridad alimentaria en el Corredor Seco del país.

Como parte de una respuesta anticipatoria, la FAO activó financiamiento para implementar acciones en Jocotán y Camotán, Chiquimula, antes de que se deterioraran los medios de vida. Según la organización, las medidas incluyeron apoyo a la agricultura de emergencia, manejo del agua y sistemas de alerta temprana, con un alcance de más de 17 mil personas directamente y 44 mil de manera indirecta.

Este antecedente resulta relevante porque muestra que el riesgo para Guatemala no se limita a una proyección climática. Organismos internacionales ya han utilizado mecanismos de acción anticipatoria en comunidades del Corredor Seco para reducir las consecuencias de la sequía sobre la producción y los hogares.

PÉRDIDAS AGRÍCOLAS Y PRESIÓN SOBRE LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

La situación del Corredor Seco también ha sido documentada por Reuters. El medio reportó el 31 de agosto de 2026 que un análisis de Oxfam y Acción contra el Hambre, realizado en 58 municipios de Guatemala, Honduras y El Salvador, identificó aproximadamente 91 mil hogares rurales afectados.

Reuters agregó que más de 70 mil hogares dedicados al cultivo de maíz reportaron pérdidas catastróficas de cosechas. Debido a que la evaluación abarcó los tres países, estas cifras corresponden al conjunto de municipios analizados y no exclusivamente a Guatemala.

El impacto sobre la agricultura puede trasladarse posteriormente a otros ámbitos de la economía. La pérdida de cultivos puede reducir los ingresos de los productores, afectar la disponibilidad de alimentos y aumentar la vulnerabilidad de hogares que dependen de la agricultura para su subsistencia.

En su informe, la CEPAL identifica precisamente al sector agropecuario y la seguridad alimentaria entre las áreas que podrían recibir un impacto importante de un episodio extremo de El Niño.

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ENERGÍA, PESCA E INFRAESTRUCTURA TAMBIÉN ESTÁN EXPUESTAS

El riesgo tampoco se limita a la agricultura. La CEPAL identifica a la energía, la pesca y determinadas infraestructuras entre los sectores vulnerables ante un episodio extremo.

En el sector energético, el organismo señala que varios países de América Latina tienen una alta dependencia de la generación hidroeléctrica: en algunos casos, esta supera el 70% de la matriz eléctrica. Además, más de la mitad de la capacidad instalada regional tiene más de 30 años de antigüedad. Una disminución de las precipitaciones podría reducir la disponibilidad de agua para generación hidroeléctrica, mientras que las temperaturas elevadas pueden incrementar la demanda de electricidad.

La pesca también puede verse afectada por los cambios en las condiciones del océano. La CEPAL explica que El Niño debilita la surgencia de aguas frías en el Pacífico, lo que reduce la disponibilidad de nutrientes y puede modificar la distribución de especies marinas.

El organismo recuerda que durante episodios anteriores de Súper El Niño las capturas pesqueras regionales registraron reducciones de 52.7% entre 1972 y 1973 y de 26.9% entre 1997 y 1998. Estas son cifras históricas utilizadas por la CEPAL para dimensionar los posibles efectos del fenómeno sobre la actividad pesquera.

EL IMPACTO TAMBIÉN ALCANZA A LOS NIÑOS Y LOS HOGARES

La dimensión social del fenómeno fue abordada recientemente por UNICEF. El organismo estimó el 30 de septiembre que al menos 25.8 millones de niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe, aproximadamente uno de cada siete, viven en zonas expuestas a riesgos muy altos de sequía o inundaciones relacionados con El Niño.

UNICEF señala específicamente que el Corredor Seco de Centroamérica incluye partes de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, y advierte que la reducción prevista de las precipitaciones puede afectar la producción agrícola y aumentar los riesgos de inseguridad alimentaria y malnutrición entre niños y familias que ya enfrentan dificultades para acceder a alimentos y agua segura.

La organización aclara que sus cifras son estimaciones preliminares, elaboradas en septiembre de 2026 a partir de pronósticos de precipitación, datos oficiales de población y análisis sobre exposición a amenazas climáticas. Por ello, pueden cambiar conforme evolucione El Niño.

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EL DESAFÍO LLEGA EN UNA DÉCADA DE BAJO CRECIMIENTO

Para Salazar-Xirinachs, el problema adquiere mayor dimensión porque América Latina enfrenta desde hace años dificultades para crecer a un ritmo suficiente.

La CEPAL ha descrito esta situación como una “trampa de baja capacidad para crecer”. En un análisis publicado por el organismo, se señala que entre 2014 y 2023 el crecimiento promedio anual de América Latina y el Caribe fue de aproximadamente 0.9%, mientras que 20 de los 32 países analizados aparecen en esa situación de baja capacidad para crecer durante ese periodo.

El organismo relaciona esta situación con factores como una baja tasa de inversión, insuficiencias en las competencias de los recursos humanos y una productividad que permanece estancada o disminuye.

En la entrevista, Salazar explicó que este escenario limita el margen de las economías para absorber un nuevo golpe. Para atraer inversión productiva, señaló la importancia de elementos como la confianza, el clima de negocios, la estabilidad política e institucional, la infraestructura, la logística y el transporte, además de la formación de talento humano.

De esta manera, un evento climático de gran intensidad podría convertirse en un problema económico de mayor duración si afecta simultáneamente la producción, la infraestructura, el suministro energético y los ingresos de los hogares.

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LA RESPUESTA DEBE COMENZAR ANTES DE LA EMERGENCIA

Ante este escenario, la CEPAL plantea que los gobiernos deben pasar de una lógica de reacción a una de anticipación del riesgo climático.

El organismo propone diez líneas de acción, entre ellas fortalecer los sistemas de alerta temprana, invertir en infraestructura resiliente, contar con mecanismos financieros de contingencia y seguros climáticos, proteger las cadenas productivas, mejorar la gestión del agua, diversificar las fuentes de generación eléctrica y reforzar las redes de protección social para los hogares más vulnerables.

Salazar-Xirinachs también enfatizó que actuar antes de que ocurra el desastre puede resultar menos costoso que responder después de las pérdidas. Esa lógica ya se ha aplicado en Guatemala: la FAO utilizó financiamiento anticipatorio para intervenir en Jocotán y Camotán antes de que los efectos de la sequía deterioraran aún más los medios de vida de las comunidades.

El desafío para la región, por ahora, es prepararse para un fenómeno cuyos efectos serán distintos según cada territorio. Para Guatemala, una de las principales señales de alerta está en el Corredor Seco y en el riesgo que una reducción de las lluvias puede representar para la agricultura, el acceso al agua y la seguridad alimentaria.

La evolución de El Niño durante los próximos meses determinará la magnitud de esos impactos. Pero, según la CEPAL, la OMM, FAO y UNICEF, la preparación anticipada será clave para evitar que un fenómeno climático termine profundizando problemas económicos y sociales que la región ya arrastra.

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