Pablo Juárez Andrino
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Al diagnosticarse un síndrome de piernas inquietas podría ayudar a que el niño no se sienta tan cansado durante el día y mejore su rutina de vida.
El neurólogo Hugo López explica que el síndrome de piernas inquietas entra en el grupo de trastornos del sueño. Puede interrumpir el sueño la incomodidad, lo que interfiere en las actividades diarias y afectar en las actividades y rendimiento de los pacientes.
Esta afección causa una urgencia incontrolable de mover las piernas, generalmente debido a una sensación de incomodidad. Suele ocurrir por la tarde o la noche cuando está sentado o recostado y aunque es algo más frecuente en adultos, los niños a cualquier edad también podrían presentarlo.
Los especialistas incluso consideran que el 70 por ciento de los niños que son diagnosticados tienen un familiar adulto en casa que pasa por la misma situación.
“En estudios se ha visto que algunos adultos ya presentaban síntomas en la niñez y muchas veces fueron mal diagnosticados con trastorno de hiperactividad, dolores del crecimiento, dolor por ejercicio, incluso tics y convulsiones, entre otros”, dice López.
El movimiento constante alivia temporalmente la sensación desagradable. Pero, ese movimiento lleva a modificar el ciclo de descanso que es vital para el crecimiento, así como para rendir mejor en las actividades diarias e incluso afectar la concentración.
A veces no hay causas asociadas, sin embargo se ha determinado que en algunos pacientes se presenta por la deficiencia de hierro en el cuerpo. Mayo Clinic explica que este síndrome también es conocido como la enfermedad de Willis-Ekbom.
En ocasiones los padres notan que los niños mueven los pies, se controlan y se vuelven a quedar dormidos. Este podría ser un signo de alerta.
Este síndrome hace que el paciente sienta la necesidad de mover las piernas, en especial durante la noche aunque también podría presentarse durante el día. “Estas patologías no aparecen de la noche a la mañana sino se van desarrollando y aumentando la gama de síntomas con el transcurso del tiempo”, agrega el médico.
Esa movilidad puede confundirse con dolor o con otro tipo de sensación como piquetazos o incomodidad en la piel, incluso ardor. Este tipo de trastornos hace que los niños no descansen bien y que no se estimule la melatonina y dopamina.
La melatonina es una hormona que se produce en la glándula pineal de nuestro cerebro y regula los ciclos de sueño y vigilia. Mientras la dopamina está presente en diversas áreas del cerebro y es ideal para la función motora del organismo.
El experto explica brevemente que tanto el hierro como la dopamina participan en el proceso del movimiento del cuerpo.
Es ideal consultar con un experto. Aunque el médico López explica que es importante verificar ciertos criterios clínicos para llegar a un buen diagnóstico.
Si el niño tiene urgencia por mover las piernas, los síntomas comienzan o se agudizan en la noche y madrugada
y las molestias mejoran con el movimiento, podrían ser otras señales. A veces los niños describen que sienten arañitas o cosquillas en las piernas.
Algunas de las características más importantes es que afecta del tobillo a la rodilla, no involucra el pie. López explica que un recurso para explicar al médico podría ser tomar un breve video de los movimientos que presenta el menor, “la tecnología nos apoya para reconocer qué le pasa a los niños”, agrega.
El profesional podría recomendar una polisomnografia, un estudio en el que se interna al paciente en un hospital o una clínica donde las características son lo más cercano a una habitación normal. Se colocan dispositivos para monitorizar la actividad cerebral, la cardíaca, muscular y respiratoria durante la noche, lo cual ayuda a confirmar diagnósticos.
“Si se presentan movimientos periódicos repetitivos más de cinco veces en la noche se sospecha que sí se trate de este síndrome”, sin embargo es importante evaluar detenidamente a cada paciente.
López expresa que es importante que los médicos pediatras y generales refieran a los pacientes a un especialista para seguir el tratamiento adecuado. El ideal de seguimiento es con un neurólogo pediatra para dar el seguimiento correspondiente.
Cada caso llevará un tratamiento personalizado. En general sí es importante administrar hierro con supervisión médica, si esta fuera la causa u otros medicamentos, así como seguir cambios en el estilo de vida.
Una buena higiene del sueño es importante. Además, la psicoterapeuta y guía parental, Andrea Lara, menciona que en general es importante que los niños con o sin estas condiciones se muevan al aire libre, corran, jueguen.
“El cuerpo está diseñador para moverse en distintas direcciones e intensidades, escalar y nuestros niños ahora bajaron la cantidad de movimientos y el movimiento es el primer agente regulador”, agrega.
El médico neurólogo Fernando Ceballos también tiene un decálogo del sueño enfocado en los niños que podría ayudar no solo en esta condición sino a que todos tengan un buen descanso.