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Caminemos juntos en la esperanza
Asumir la dinámica de la conversión como cambio de mentalidad, para entrar en el desafiante camino de la esclavitud a la libertad.
El llamado del Papa Francisco a la Iglesia y al mundo, para la Cuaresma de este Año Jubilar es: “Caminemos juntos en la esperanza”. Invitación que llega desde el hospital Gemelli, donde aún se encuentra luchando con esperanza por su salud, mientras pone su confianza en Dios, que no defrauda y el Pueblo Santo Fiel lo acompaña con sus plegarias.
Nuestra solidaridad con él, al mismo tiempo que empezamos el camino cuaresmal marcados con “el signo penitencial de las cenizas” desde el miércoles pasado, hasta llegar a celebrar el triunfo pascual de Cristo sobre el pecado y la muerte en la solemne Vigilia Pascual, “Madre de todas las vigilias”.
En el primer domingo de esta peregrinación anual, de fe y esperanza, encontramos el relato sobre las tentaciones de Jesús para descubrir, por contraste, entre las opciones de Jesús libremente asumidas en fidelidad al proyecto del Padre para dar vida y las propuestas de muerte planteadas furtivamente por Satanás para hacer daño.
Son dos lógicas diametralmente opuestas, que implican dos estilos de vida: Ser esclavos o libres, optar por el mal o el bien. Vivir arrodillados ante los ídolos del tener, placer, poder; o vivir abiertos a la presencia de Dios amor, ternura y compasión. Al asumir la conducta de Jesús, entramos en un proceso que va forjando la liberación de nuestra existencia, de nuestros pueblos y del planeta Tierra.
Los cristianos, por el bautismo, nos comprometimos a modelar nuestra existencia para ser libres de cualquier idolatría. Para nosotros toda la existencia es bautismal. Esto implica morir cada día a las falsas seguridades que deshumanizan, para abrirnos al encuentro con Jesucristo vivo e ir tejiendo esa liberación total que responde a nuestro anhelo más profundo.
Los cristianos por el bautismo nos comprometimos a modelar nuestra existencia para ser libres de cualquier idolatría.
También implica asumir la dinámica de la conversión como cambio de mentalidad, para entrar en el desafiante camino de la esclavitud a la libertad, como fue el camino del antiguo pueblo de la alianza. Al recordar ese éxodo bíblico, no podemos dejar de pensar en los migrantes, “que hoy huyen de situaciones de miseria y de violencia, buscando una vida mejor para ellos y sus seres queridos”, escribió el Papa.
Sobre todo, ahora que son perseguidos y criminalizados por la implementación de políticas migratorias impregnadas de odio, discriminación y rechazo, de parte de grandes políticos descendientes de migrantes que acceden al poder para desgracia de la humanidad entera.
Además, la Cuaresma nos da la oportunidad de descubrir que “todos somos peregrinos en la vida”, que vamos juntos, construyendo amistad social y fraternidad universal para vivir en un mundo más humano e incluyente. No somos “viajeros solitarios”. “Caminar juntos”, dice el Papa, “significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios; significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido”.
El camino cuaresmal lo hacemos con la esperanza de que las condiciones de vida de las mayorías empobrecidas cambien significativamente. A esta esperanza nos aferramos con la convicción de que no quedaremos defraudados, al mismo tiempo que nos mantenemos en actitud de lucha, para no ser arrastrados por los falsos absolutos que hoy nos esclavizan y dominan provenientes de regímenes imperialistas, propios de las plutocracias que se ensañan contra los empobrecidos o de regímenes de impunidad y corrupción, como el guatemalteco.
En esta Cuaresma vivamos concretamente la esperanza que nos ayuda a leer e interpretar los acontecimientos de la historia de nuestro mundo actual y nos impulsa al compromiso por la justicia, la fraternidad y el cuidado de la casa común, actuando de manera que nadie quede atrás.