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Esperanza
El Papa sigue invitando a no perder la esperanza y a luchar por un mundo más justo y humano.
El mundo sigue atento a la salud del Papa Francisco, quien desde el viernes 14 de febrero fue internado en un hospital, debido a una infección en las vías respiratorias. Esta afección se hizo evidente cuando presentó dificultades para leer durante una de las audiencias generales en la plaza de San Pedro, en el Vaticano. A estas audiencias suelen asistir personas de todo el mundo, la mayoría son peregrinos, pero también acuden algunos que no son católicos. El Papa acostumbra dirigirse a todos con un breve saludo en varios idiomas. Estos encuentros le brindan la oportunidad de compartir el Evangelio y ofrecer una catequesis sencilla pero profunda sobre diversos aspectos de la fe cristiana. Además, dedica unas palabras a los temas de actualidad mundial. Con frecuencia, las palabras del Papa son un llamado a no permanecer indiferentes ante el drama de muchos migrantes en todo el mundo; pide oraciones por los cristianos perseguidos en diversos lugares; alienta a luchar por la paz en los países afectados por la guerra; invita a ser solidarios con los más desprotegidos, así como con las poblaciones golpeadas por desastres naturales o enfermedades. La mayoría de quienes asisten a las audiencias generales pueden ver de cerca al Papa cuando el “papamóvil” atraviesa los amplios corredores de la plaza. Es imposible saludar a todos, pero todos escuchan, oran, se sienten acogidos y animados a seguir adelante.
El Papa sigue invitando a no perder la esperanza y a luchar por un mundo más justo y humano.
Algunos tienen la oportunidad de estrechar la mano del Pontífice e intercambiar unas breves palabras. Hace menos de un año, yo fui uno de esos afortunados: “Santo Padre, soy de Guatemala”, le digo emocionado. Es inevitable notar el desgaste físico propio de su edad. “¿Y cómo va la cosa allá? —me pregunta—, ¿sigue peor?”. Sus palabras me sorprenden, pero no hay tiempo para prolongar la conversación. Una sonrisa sincera y una frase con buen humor ponen fin al breve encuentro. El Papa Francisco tiene un sentido del humor sencillo, cercano y a menudo espontáneo.
¿Conoce el Papa los problemas de nuestro país? El Papa Francisco tiene una profunda sensibilidad y un interés constante por los problemas sociales y políticos de todos los países, incluidas naciones de América Latina como Guatemala. La propia organización de la Iglesia le permite acceder de primera mano a informes y análisis sobre la realidad y los desafíos que enfrentan estos países. Como latinoamericano y debido a su labor pastoral como obispo, siempre ha estado muy cercano a las realidades sociales y políticas de la región. Conoce bien la desigualdad, la corrupción y la exclusión que nos afectan, por lo que su enfoque ha querido ser siempre el de una Iglesia cercana a los más necesitados y marginados. Aunque la realidad puede estar marcada por la incertidumbre y el desconsuelo, el Papa sigue invitando a no perder la esperanza y a luchar por un mundo más justo y humano.
Ahora, a pesar de la fragilidad física que ha marcado la salud del Papa en los últimos años, su espíritu permanece indomable. Sus movimientos lentos y la evidente dificultad para caminar son un reflejo de su edad y sus padecimientos, pero en cada encuentro con los fieles, su sonrisa y su humor contagian una energía que desafía las limitaciones del cuerpo. La alegría con la que afronta las adversidades se convierte en una lección de esperanza, mostrando que, aunque el cuerpo se desgaste, el alma puede mantenerse vibrante y llena de luz. Su capacidad para reír, para compartir palabras de consuelo y para irradiar paz convierte su presencia en un faro de inspiración para todos.