Brecha de ingresos: mujeres ganan 28.5% menos que los hombres en Guatemala, según el INE
La diferencia en los ingresos laborales entre hombres y mujeres en Guatemala no se limita a cuánto recibe una persona por su trabajo. Detrás de esa brecha también aparecen factores como el tipo de actividad económica, el área de residencia, la pertenencia a un pueblo, el nivel educativo y el tiempo que las mujeres pueden […]
La diferencia en los ingresos laborales entre hombres y mujeres en Guatemala no se limita a cuánto recibe una persona por su trabajo. Detrás de esa brecha también aparecen factores como el tipo de actividad económica, el área de residencia, la pertenencia a un pueblo, el nivel educativo y el tiempo que las mujeres pueden dedicar a un empleo remunerado.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), por cada Q100 que un hombre percibe laboralmente, una mujer recibe en promedio Q71.50. El dato corresponde al segundo trimestre de 2025 de la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos Continua (ENEIC), fuente que el INE utiliza para analizar el comportamiento del empleo y los ingresos en el país.
En términos de ingreso promedio mensual, el estudio reporta Q3 mil 42 para los hombres y Q2 mil 176 para las mujeres, una diferencia de Q866. El documento señala que el ingreso promedio de las mujeres es 28.5% menor al de los hombres.
LA ACTIVIDAD ECONÓMICA MARCA LA DIFERENCIA
Óscar José Chávez Valdez, gerente del INE, explicó que la brecha responde a una combinación de factores económicos, sociales y estructurales. Uno de ellos es la concentración de hombres y mujeres en diferentes actividades económicas, una situación vinculada históricamente con la división sexual del trabajo.
Mientras los hombres tienen una mayor participación en actividades como agricultura y construcción, las mujeres se concentran principalmente en comercio, industria y otras actividades de servicios. Precisamente en algunos de estos sectores se encuentran diferencias importantes en los ingresos.
El estudio del INE muestra que, en la industria, por cada Q100 que percibe un hombre, una mujer obtiene Q41.80. En el comercio, la relación es de Q56 por cada Q100. En contraste, en otros servicios la diferencia es menor: por cada Q100 que recibe un hombre, una mujer obtiene Q85.60.
Chávez explicó que estas diferencias también están relacionadas con las características y la estabilidad de las actividades en las que participan las mujeres.
En el caso del comercio, por ejemplo, señaló que pueden presentarse condiciones más inestables y menores ingresos que en actividades como la construcción.
La distribución de la población ocupada también ayuda a dimensionar el fenómeno. Entre las principales actividades de las guatemaltecas, el comercio concentra 36.8% de la participación, seguido por industrias con 20.1%, otros servicios con 16.9% y servicios públicos con 13%. En el caso de los hombres, agricultura representa 26.1%, comercio 24.4%, construcción 14.4% e industrias 13.7%.
LA BRECHA SE PROFUNDIZA EN ÁREAS RURALES
La desigualdad tampoco se presenta de la misma manera entre todas las mujeres. El análisis del INE muestra que el contexto en el que una persona vive puede profundizar las diferencias.
Entre la población indígena, por cada Q100 de ingreso laboral que percibe un hombre, una mujer obtiene en promedio Q61.40. En el área rural, la relación es de Q61.80 por cada Q100 que recibe un hombre.
Para Chávez, estas diferencias deben analizarse de manera interseccional, es decir, considerando cómo se acumulan distintos factores de desigualdad. Una mujer puede enfrentar una brecha por razón de género, pero esta puede ampliarse si además es indígena, reside en el área rural o tiene un menor nivel educativo.
“Las brechas se van haciendo más grandes” al incorporar variables como pertenencia a un pueblo, área de residencia, educación o discapacidad, explicó el gerente del INE.
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En ese sentido, señaló que cuando se trata de mujeres indígenas que además viven en áreas rurales y tienen menos oportunidades educativas, el acceso a empleos de mayor calidad se vuelve más complicado.
El funcionario indicó que reducir estas diferencias requiere avanzar en aspectos como educación, empleo formal e infraestructura. Sin embargo, aclaró que determinar cuánto influye individualmente cada una de estas variables requeriría estudios de impacto más desagregados.
NO SOLO IMPORTA CUÁNTO SE PAGA, TAMBIÉN CUÁNTO TIEMPO SE PUEDE TRABAJAR
Otro de los elementos que incide en la brecha está relacionado con el uso del tiempo. Chávez explicó que las mujeres suelen asumir una mayor proporción de las tareas en casa y de cuidado de la familia, actividades que no necesariamente generan ingresos.
Esto limita el tiempo disponible para las actividades remuneradas y, por tanto, también puede repercutir en sus ingresos.
Los datos citados por el gerente del INE muestran esta diferencia.
En agricultura, los hombres dedican en promedio hasta 41 horas de trabajo, mientras que las mujeres reportan 29 horas. En actividades profesionales —que incluyen personas graduadas, científicas, técnicas y servicios administrativos— los hombres registran hasta 50 horas de trabajo en promedio frente a 37 horas de las mujeres.
“Entonces, no tiene que ver solo con que se pague más o se pague menos, sino también la cantidad de tiempo que las mujeres pueden dedicarle al trabajo”, explicó Chávez.
El estudio del INE también encuentra que la desigualdad es mayor en los empleos con remuneraciones más bajas. En los trabajos de pago bajo, las mujeres ganan 40.1% menos que los hombres; en los de pago medio, la diferencia es de 37.8%, mientras que en los empleos de pago alto la brecha se reduce a 15.6%.
DESIGUALDAD SE TRASLADA A DIRECTIVOS
La diferencia aparece incluso cuando se observa quién ocupa puestos de dirección. Según el INE, 55.3% de los cargos directivos son ocupados por hombres, frente a 44.7% ocupados por mujeres.
Para Chávez, contar con estos datos permite pasar de una percepción general sobre las desigualdades a evidencia estadística sobre dónde se encuentran y cómo se manifiestan.
El gerente del INE señaló que la situación no es exclusiva de Guatemala y que las brechas de ingresos entre hombres y mujeres corresponden a fenómenos estructurales observados también a nivel internacional.
A su criterio, tanto el sector público como el privado tienen responsabilidad en la generación de condiciones que permitan reducirlas.
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La ENEIC, que se encuentra en campo de manera continua desde octubre de 2024, permite al INE recabar información de forma permanente y presentar resultados trimestrales.
El diseño continuo de la encuesta busca generar información sobre la evolución del empleo y los ingresos a lo largo del tiempo.
Así, más allá de una diferencia expresada en quetzales, los datos muestran que la brecha de ingresos laborales está vinculada con las oportunidades de acceso al empleo, el sector en el que se trabaja, el territorio, las condiciones sociales y el tiempo disponible para realizar actividades remuneradas.
Para el INE, contar con esta evidencia permite identificar las desigualdades y aportar información para la toma de decisiones orientadas a mejorar las condiciones económicas de las mujeres en Guatemala.
