Remesas a Guatemala: crecen, pero pierden velocidad. Acumulan US D20 mil millones pero enfrentan escenario débil hacia 2027
El ingreso de divisas por remesas familiares creció 5.5% entre enero y septiembre de 2026, muy por debajo del 19.8% registrado en igual período de 2025, según datos publicados por el Banco de Guatemala. Aunque septiembre todavía mostró un aumento interanual de 6.4%, especialistas advierten que la menor migración y el aumento de las deportaciones […]
El ingreso de divisas por remesas familiares creció 5.5% entre enero y septiembre de 2026, muy por debajo del 19.8% registrado en igual período de 2025, según datos publicados por el Banco de Guatemala.
Aunque septiembre todavía mostró un aumento interanual de 6.4%, especialistas advierten que la menor migración y el aumento de las deportaciones podrían profundizar la desaceleración y golpear el consumo de los hogares.
Guatemala continúa recibiendo un volumen extraordinariamente elevado de remesas familiares, pero el ritmo al que crecen estos envíos empieza a perder fuerza.
AUMENTO INTERANUAL
El Banco de Guatemala reporta que entre enero y septiembre de 2026 ingresaron USD 20 mil 015.7 millones, frente a los USD 18 mil 968.4 millones recibidos en el mismo período de 2025, un aumento de US$1 mil 047.3 millones o 5.5%.
El dato confirma que no existe todavía una caída del flujo, pero sí una desaceleración significativa frente al crecimiento de 19.8% que se registraba hace un año.
El último dato disponible refuerza esta lectura. En septiembre de 2026 ingresaron USD 2 mil 240.8 millones, un aumento de USD 134.1 millones, equivalente a 6.4%, respecto de los USD 2 mil 106.7 millones de septiembre de 2025.
Se trata de un monto históricamente alto para un solo mes y confirma la fortaleza que todavía conserva esta fuente de divisas. Sin embargo, septiembre también muestra el contraste: el crecimiento es positivo, pero está muy lejos de las tasas de expansión observadas durante buena parte de 2025.

PÉRDIDA DE VELOCIDAD
La pérdida de velocidad resulta todavía más evidente cuando se observa el año por etapas.
Al cierre de marzo, las remesas acumulaban un crecimiento de aproximadamente 11.5%; para junio la tasa ya había descendido a cerca de 7.0%, en agosto se ubicó en 5.4% y en septiembre apenas avanzó a 5.5%.
Es decir, el fuerte impulso registrado al comienzo de 2026 se fue moderando conforme avanzaron los meses. Incluso hubo meses con retrocesos interanuales: mayo cayó 2.6% y agosto 1.7% frente a los mismos meses de 2025.
El contraste con el año anterior es contundente. Guatemala recibió USD 25 mil 530.2 millones en remesas durante 2025, después de que los envíos crecieran 18.7% ese año.
En cambio, el ritmo acumulado de 2026 hasta septiembre es de apenas 5.5%.
El país, por tanto, no está enfrentando todavía un problema de reducción del monto recibido, sino algo más gradual pero igualmente relevante: cada vez se necesita más tiempo para generar incrementos adicionales sobre una base que ya es extraordinariamente elevada.
Para Manuel Orozco, especialista en remesas del Diálogo Interamericano en Washington, esta evolución no debe analizarse únicamente como una fluctuación mensual.
El experto advierte que en 2026 los países centroamericanos se han visto afectados por la disminución de la migración, la desaceleración de las remesas y el aumento de las deportaciones, una combinación que puede terminar perjudicando el crecimiento económico y, posteriormente, aumentar el desempleo y la informalidad.
La advertencia adquiere especial importancia para Guatemala porque las remesas tienen una incidencia directa sobre el consumo de los hogares.
IMPACTO AL CRECIMIENTO
Orozco sostiene que la desaceleración de 2026 y su posterior intensificación en 2027 podrían afectar negativamente el crecimiento del consumo y señala que una disminución absoluta de las remesas en 2027, estimada en casi USD 4 mil millones para Centroamérica, podría afectar entre 2% y 3.5% del consumo privado de los países de la región y reducir el crecimiento económico en al menos 0.5 puntos porcentuales.
El punto de fondo, entonces, no es solamente cuánto dinero continúa entrando a Guatemala, sino qué está ocurriendo detrás de ese flujo.
“Si disminuye el número de migrantes que envían dinero, aumenta el número de personas deportadas y se reduce la cantidad de transacciones, el crecimiento puede mantenerse durante algún tiempo debido al volumen acumulado de los envíos, pero la base que sostiene ese crecimiento comienza a debilitarse”, explicó el especialista.
La preocupación de Orozco apunta precisamente al siguiente paso. Ante las tendencias de menor emigración y mayores retornos, considera necesario crear mecanismos de política pública capaces de compensar la reducción de los flujos migratorios.
Su propuesta no consiste simplemente en tratar de preservar el volumen actual de remesas, sino en utilizar los propios recursos que ya llegan al país para construir un ecosistema que genere oportunidades para los receptores de remesas, los remitentes y los migrantes que regresan a sus países de origen.
DESAFÍO DE PAÍS
Para Guatemala, esto supone un desafío económico de primer orden. Las remesas son ingresos privados de las familias y no recursos del Estado, pero su magnitud tiene efectos sobre el consumo, la actividad económica y el sector externo.
El propio Banco de Guatemala destaca que estos flujos permiten a los hogares cubrir gastos como alimentación, salud, educación y vivienda, además de representar una importante entrada de divisas para el país.
El mensaje que deja septiembre es, por tanto, doble: Guatemala todavía recibe más remesas, pero el motor está perdiendo velocidad.
Los USD 2 mil 240.8 millones de septiembre son una señal de fortaleza; el crecimiento acumulado de solo 5.5%, frente al 19.8% de un año antes, es la señal de alerta.
Si la menor migración y las deportaciones continúan reduciendo la base de remitentes, la desaceleración que hoy parece moderada podría convertirse en un factor más importante para el consumo y el crecimiento económico durante 2027.
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