Paz en Ucrania

Paz en Ucrania

Estamos siendo testigos de eventos inesperados
05/03/2025 00:03
Fuente: Prensa Libre 

El 22 de enero de 2022, un mes antes de que la Rusia de Putin invadiera Ucrania en lo que llamó una “operación especial para desnazificar al gobierno de Zelenski”, un régimen respaldado por los Estados Unidos de América (EUA), escribí en el fenecido elPeriódico, que pensaba —ingenuamente— que el diferendo entre ambas naciones se podría resolver “al mejor estilo como se resolvió la crisis de los cohetes en Cuba de hace 60 años, porque de otra manera terminaría iniciándose una guerra, que quizás le pudiera convenir, por razones geopolíticas o económicas, más a una de las partes”.


Cabe recordar que, en la crisis de octubre de 1962, estando los cohetes de la Unión Soviética en Cuba y los cohetes de los EUA en Turquía, la solución del retiro de las amenazas mutuas entre ambas potencias nucleares se convino directamente entre Kennedy y Jrushchov, excluyendo de la negociación a la Cuba de Fidel Castro. Guardando la distancia geográfica y la diferencia histórica de lo que ocurre ahora, algo parecido puede terminar pasando para finalizar las hostilidades en Ucrania, si los EUA y Rusia convienen en hacer la paz, haciendo caso omiso del presidente Zelenski.


El contexto geopolítico prevaleciente desde el 24 de febrero de 2022 es mucho más complejo que en 1962, porque ahora participan otros actores como el Reino Unido y la Unión Europea y poderosos intereses económicos transnacionales, industriales, armamentísticos, energéticos y financieros, quienes convenientemente arropan la actitud contestataria de Zelenski ante las intenciones del presidente Trump de apropiarse de las riquezas de Ucrania, en compensación por el apoyo y la ayuda militar proporcionada por los EUA, pero aparentemente dejando afuera del reparto a los demás países de Europa, quienes también contribuyeron a avituallar al ejército ucraniano.

No cabe duda de que estamos siendo testigos de eventos inesperados y contrastantes con el espíritu y la letra de las convenciones que han regido las relaciones internacionales.


Quizás el atrevido e inesperado comportamiento de Zelenski (seguramente considerado heroico por sus connacionales), al discutir vehementemente con el vicepresidente y el presidente de los EUA, termine siendo recordado por la historia como el “rugido del ratón”, pero sirvió para que la mayoría de los países europeos se atrevieran (diplomáticamente hablando) a cobrar renovados ánimos para enfrentar con más pundonor a su más poderoso y conspicuo aliado, mecenas durante las dos guerras mundiales del siglo pasado.


Y, obviamente, por su parte EUA habrá hecho un cálculo estratégico entre un disgusto pasajero con sus socios europeos en favor de conseguir una paz mutuamente beneficiosa con Rusia, enorme potencia nuclear y la bisagra (si no baluarte) entre Occidente y Asia oriental, frontera con la hegemonía mundial emergente: China. Mejor que la tercera guerra mundial, como se dijo en la Oficina Oval.


No cabe duda de que estamos siendo testigos de eventos inesperados y contrastantes con el espíritu y la letra de las convenciones que han regido las relaciones internacionales. La Organización de las Naciones Unidas, creada hace 80 años, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, pretendía mantener la paz y la seguridad internacionales, prevenir y eliminar las amenazas a la paz, así como suprimir los actos de agresión o de quebrantamiento de la paz, logrando el arreglo de las controversias por medios pacíficos, de conformidad con los principios de justicia y el derecho internacional.


Aunque se diga que la diplomacia es una forma de continuar la guerra por otros medios, es una forma más civilizada de dirimir los conflictos y no, como descaradamente y sin pudor alguno pareciera estar pasando, que vuelve la ley de la selva, del más fuerte, que impone su voluntad mediante la intimidación, el avasallamiento o las represalias. Ojalá esté equivocado.