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Rabinal Achí: El silencio del 2025 y el grito que clama las necesidades para que este patrimonio de la humanidad no muera
La danza de “Rabinal Achí” no se ejecutó en los festejos de San Pablo y San Pedro en Rabinal, Baja Verapaz, el recién pasado enero. Los danzantes hablan aquí sobre los retos y las necesidades más urgentes para que este patrimonio de la humanidad se represente una vez más.

La danza de “Rabinal Achí” no se ejecutó en los festejos de San Pablo y San Pedro en Rabinal, Baja Verapaz, el recién pasado enero. Los danzantes hablan aquí sobre los retos y las necesidades más urgentes para que este patrimonio de la humanidad se represente una vez más.
El viaje a Rabinal, Baja Verapaz, desde la Ciudad de Guatemala dura un poco más de tres horas. El 25 de enero de cada año, el poblado recibe a visitantes de todo el país que llegan para presenciar una danza que tiene más de 800 años de antigüedad y está basada en el relato del Rabinal Achí.
Sin embargo, este año, aunque el resto de las actividades locales se llevaron a cabo, el tun y las trompetas estuvieron en silencio, al igual que los rituales característicos de esta representación ceremonial.
Un grupo de Prensa Libre se desplazó a 88 kilómetros de distancia desde la capital, a fin de conocer una casa que resguarda los diálogos del Rabinal Achí.
Es el centro de reunión para una veintena de danzantes y músicos, y también ahí está despierta la esperanza del grupo por volver a presentarse en el 2026.
Para esta entrevista, pidieron permiso de manera ceremoniosa frente a un altar iluminado con candelas e incienso. Parte de lo pedido era en favor de este encuentro, así como por la llegada de los periodistas y un buen regreso.
La mesa del altar contenía una fotografía especial, la de José León Coloch Garniga, quien desde 1986 mantuvo bajo su cuidado el manuscrito del Rabinal Achí y murió el 5 de julio del 2015, a sus 81 años. Desde entonces dejó el legado a su hijo José Manuel Coloch.

En un altar doméstico se aprecia la fotografía de José León Coloch Garniga, quien mantuvo el legado de la danza hasta su fallecimiento, en el 2015.
(Foto Prensa Libre: Keneth Cruz)
La historia de un manuscrito
En lengua maya achi’, la obra se conoce como Xajoj Tun, o “Danza del tun” en español. Se practicó en secreto desde 1625 hasta 1856, año en que el sacerdote francés Charles Étienne Brasseur de Bourbourg lo tradujo a su idioma, según narración del anciano principal y cofrade Bartolo Sis, quien lo aprendió oralmente de su padre y de su abuelo.
“A los veintiocho días del mes de octubre del año 1850 transcribí el original de este baile del Tun, propiedad de nuestra villa de San Pablo de Rabinal, para dejar mi recuerdo a mis hijos para que permanezca con ellos y mantengan la tradición. Amén”, plasmó Sis como prólogo de su escrito.
Una investigación del periodista Edwin Castro explica que el Rabinal Achí es un drama escrito en verso.
Fue el 25 de enero de 1856, día en que se honra la conversión del apóstol Pablo, y tras mucha insistencia del abate Brasseur, que el baile-drama se representó por primera vez después de 30 años. Para registrar todo lo referente al baile, el religioso hizo que el maestro de capilla Nicolás Colash López y Vicente Tecú, ambos sirvientes suyos, anotaran la música, y fue esta la primera transcripción reconocida de música indígena en nuestro país.

Del texto de Bartolo Sis se derivó la versión denominada Manuscrito Pérez, fechada el 12 de junio de 1913 por una persona de nombre Manuel Pérez. Contiene los parlamentos del Rabinal Achí, que se han recitado durante el siglo XX. Esta imagen fue tomada por el investigador Carlos Galindo quien tuvo en sus manos este material a principios del año 2000.
(Foto Prensa Libre: Carlos Galindo)

Alain Brenton en su libro Rabinal Achí, un drama dinástico maya del siglo XV, explica que el texto del Rabinal Achí (Hombre de Rabinal) es una joya única por su antigüedad. “Sin embargo, cualquiera que sea su valor con relación al patrimonio literario universal es, sobre todo, un objeto sagrado a los ojos de una lejana comunidad maya del altiplano, considerado ahí como un texto fundador.
(Foto Prensa Libre: Carlos Galindo)
Del texto de Bartolo Sis se derivó la versión denominada Manuscrito Pérez, fechada el 12 de junio de 1913 por una persona de nombre Manuel Pérez. Esta contiene los parlamentos del Rabinal Achí que se han recitado durante el siglo XX, y es el documento que custodió hasta el 2015 “el dueño o representante” del baile, don José León Coloch Garniga, quien lo heredó en 1970 de su suegro, Esteban Xolop Sucup. Esta versión está escrita en idioma maya achi’ del siglo XVI, según conclusiones de investigadores.
El Rabinal Achí es un drama dinástico maya del siglo XV y uno de los escasos testimonios de la tradición prehispánica. En él se presentan mitos acerca de los orígenes de los habitantes de la región de Rabinal, así como temas populares y políticos, y se expresa con bailes de máscaras, teatro y música.
Es el único teatro-drama de origen prehispánico que se conserva en América; relata acontecimientos ocurridos hace 800 años en territorio del actual departamento de Baja Verapaz, en el valle de Zamaneb o del Urram.
Relata la lucha entre los príncipes Rabinal Achí y Kiché Achí. Este es juzgado y condenado a pena de muerte, pero por su estirpe real se le concede ir a despedirse de su pueblo, tomar bebidas reales y bailar con la princesa de Rabinal.
Desde la Colonia, en el siglo XVI, el Rabinal Achí se ha venido representando el Día de San Pablo, el 25 de enero.
La fiesta es organizada por los miembros de las cofradías, hermandades locales encargadas de la gestión de la comunidad. Al danzar, los vivos entran en contacto con los muertos, los rajawales, representados por máscaras. El recuerdo de los antepasados no es solo una manera de perpetuar el patrimonio del pasado, sino también una visión del futuro, puesto que un día las personas vivientes se reunirán con sus ancestros.
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La obra dura cerca de dos horas, está dividida en cuatro actos y trata del conflicto entre dos instituciones políticas importantes de esa región.
Los personajes principales son dos príncipes: Rabinal Achí y K’iche Achí. Los otros personajes son el rey de Rabinaleb’, Job’Toj; su sirviente, Achij Mun Achij Mun Ixoq Mun, quien tiene rasgos a la vez masculinos y femeninos; la madre de las plumas verdes, Uchuch Q’uq’ Uchuch Raxon, y 13 águilas y 13 jaguares, que representan los guerreros de la fortaleza de Kajyub’. K’iche’ Achí es capturado y procesado por haber intentado raptar a los hijos de Rabinaleb’, una grave violación a la ley maya.

El elenco del “Rabinal Achí”, fotografiado durante una presentación en años anteriores; aquí se observan los trajes y diferentes elementos que dan vida a esta historia de orígenes precolombinos.
(Foto Prensa Libre: AFP)
Un ritual sagrado
No cualquier persona participa en esta danza patrimonial. José Manuel Coloch es el actual director.
Quienes se integran a la representación llevan muchos años en ella. Antes de la ejecución se busca un estado de limpieza física y espiritual donde la persona no ingiera licor y también esté sin contacto con su pareja sentimental, si la tuviera.
Roberto Pirir Reyes, por ejemplo, entró en 1977 y ha perseverado desde entonces. “Yo no quería entrar, pero un anciano me invitó y me presentó. Para entrar, lo que más se pide es el respeto; si uno tiene respeto, no pasa nada y de lo contrario es un problema. Antes, nadie sabía leer y todos memorizaban los diálogos al escucharlos. Ahora la ventaja es que casi todos leemos”, recuerda Pirir.
En la compañía teatral también han identificado otro inconveniente, y es que las nuevas generaciones ya no quieren hablar el idioma achi’.
“El Rabinal Achí ha sido parte de mi vida desde que Dios me trajo al mundo. Mi abuelo, Esteban Xolop, era el encargado de hacer las presentaciones del baile-drama”, recuerda.
Coloch destaca que en esa época no había tala inmoderada de árboles ni uso de muchos productos químicos, y era una época de abundancia. “Mi abuelo no necesitaba ayuda de nadie para las presentaciones”, dice. A partir de 1970, considera que el uso de químicos empezó a reducirse la cantidad de maíz, frijol y otros alimentos, a pesar de que se esperaba que eso ayudaría. Desde ahí se llegó al extremo de que se necesitaba apoyo para el drama”, explica.
Diferentes alcaldías han proporcionado parte de lo necesario, y el resto es complementado por los mismos danzantes, involucrados y algunas donaciones.
“En parte, lo hacemos como una devoción porque es para dar un agradecimiento a Dios y un recordatorio de nuestros padres y abuelos por el legado invaluable que nos han dejado”, expresa Coloch, cuya edad actual es de 60 años.
Esedonio Iboy Osorio, actual Rabinal Achí, ha estado en el grupo dos veces. La primera vez tenía 22 años y no le pareció el papel que tenía como Guerrero Jaguar. “Cinco años después, volví a recibir la invitación, en el 2008, y me asignaron los parlamentos del —personaje— Rabinal Achí, y se me hizo fácil aprenderlo y memorizarlo en achi’”, explica. Otro compañero habló por Iboy, para que lo aceptaran de nuevo porque no fue bien vista su retirada. Desde entonces, ha perseverado.
“Algunos han sido invitados en sueños, de una manera sorpresiva”, dice Iboy.
“En la actualidad, ya no necesito entender las palabras, sino que me traslado al pasado para entender el contexto de esta historia y cómo se da la trama”, agrega el actor que da vida a Rabinal Achí.
Limitantes
La danza fue declarada Patrimonio Cultural e Intangible de la Nación mediante el acuerdo 294-2004. En el 2008, fue inscrita en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Dada su situación económica, el grupo ensaya pocas veces porque, cada vez que se reúnen, requieren de alimentación. Antiguamente, se comenzaban los ensayos desde diciembre. “Lo mínimo que podemos ofrecer es un pan y una taza de café; no buscamos grandes manjares, pero sí algo digno”, explica Coloch.
El 25 de enero ejecutan cerca de siete presentaciones, de dos horas cada una. No todos los personajes tienen un reemplazo, y se cansan demasiado al estar 14 horas seguidas en sus roles.
Además, previamente a esa fecha, se planifican siete ceremonias mayas en sitios sagrados. Esto implica la preparación previa, no solo en los alimentos, sino en conseguir los elementos ceremoniales como candelas, incienso y otros.

Un sacerdote maya oficia una ceremonia maya con los bailarines de Rabinal Achí antes de que realicen una danza sagrada durante la celebración del Santo Patrono de San Pablo en Rabinal, al norte de la Ciudad de Guatemala el 23 de enero de 2022
(Foto Prensa Libre: AFP)
El día de la presentación se ofrece comida a los danzantes y músicos, y en ocasiones un reconocimiento económico que no va acorde al esfuerzo invertido, el cual podría rondar los Q200.
Otros detalles son los trajes. Algunos necesitan cambiarse; por ejemplo, las plumas están desgastadas; el tun, quebrado, y trompetas, deterioradas.
En el 2005, la Unesco apoyó con la compra de trajes, pero ya tienen cerca de 20 años. En esa ocasión se hizo una inversión de cerca de Q70 mil para renovar los vestuarios, crear la Asociación Cultural Xajoj Tun Rabinal Achí y contratar una coordinadora para el proyecto. Se equipó mínimamente una oficina en la Academia de Lenguas Mayas, en Rabinal. “Por falta de financiamiento para mantener la oficina y un personal activo para informar, promover y divulgar la danza, no la pudimos sostener. Actualmente, está inactiva”, dice Jesús Iboy Osorio, danzante.
“Hemos buscado hacer talleres para generar dinero, pero nos quedamos un poco cortos por razones de tiempo y porque cada uno de los integrantes tiene que sostener un trabajo para asegurar la alimentación de su familia”, expresa Coloch.
Los escudos se empezaron a picar y se ha tratado de hacer algunos arreglos. Lo mismo ocurre con las máscaras; al ver las piezas, algunas están quebradas.
También han sugerido cobrar por realizar presentaciones, “pero eso dejaría de ser Rabinal Achí, un legado abierto a la comunidad y, en todo caso, lo que queremos es rescatar valores y prácticas culturales como el idioma achi’”, dice el director.

Esta es una parte del elenco que está comprometido en el drama-danza “Rabinal Achí”. Uno de los principales inconvenientes es que las nuevas generaciones no hablan el idiomá maya achi’.
(Foto Prensa Libre: Keneth Cruz)
El deterioro de la indumentaria y la falta de personal fueron la causa de que este año no se presentasen.
La comuna local ofrece un apoyo a los organizadores de esta danza, con un presupuesto anual de Q10 mil, explica David Enríquez, concejal segundo.
Coloch comenta que esta cifra ha contribuido a sostener parte de la tradición, pues para que se siga presentando requieren de, al menos, Q23 mil anuales sin tomar en cuenta el arreglo de trajes u otras necesidades.
Enríquez comenta que este año el presupuesto no fue recibido por los organizadores, quienes reportaron tener problemas en la organización y que el presupuesto podría utilizarse en otras danzas locales.
Al respecto, Ángel López, director de Patrimonio Intangible, del Ministerio de Cultura, compartió que la segunda semana de febrero se reunieron con el director del Rabinal Achí, así como con representantes de otras instituciones, a fin de empezar a establecer los mecanismos para que la danza se presente. “Tenemos coordinadas unas acciones y agenda, y debemos empezar a entregar resultados”, asegura López.
En marzo será el próximo encuentro. El objetivo es formar una mesa técnica para salvaguardar este y otros patrimonios, refiere.

El tun, hecho de madera de hormigo, tiene rajaduras. Las baquetas se han quebrado algunas veces, y no siempre se tienen las adecuadas porque son diferentes de las que utiliza una marimba.
(Foto Prensa Libre: Keneth Cruz)

sta máscara de los Guerreros Águila está quebrada del pico y necesita un retoque de pintura. También se observan las plumas descoloridas. Algunas máscaras han sido retocadas por los danzantes. Las plums también muestras desgaste.
(Foto Prensa Libre: Keneth Cruz)
Más que dinero
Carlos Galindo, investigador de dramas danzarios y patrimonio cultural, explica que el Rabinal Achí tiene un impacto importante en la sociedad, lo cual es necesario destacar.
Es parte de la identidad y orgullo del país. “El patrimonio cultural tangible e intangible fortalece la identidad nacional y el orgullo de los guatemaltecos por su herencia cultural”, agrega.
La preservación y difusión del patrimonio cultural promueven la educación y la conciencia sobre la diversidad y la historia de Guatemala. Además, esto es una fuente importante de atracción turística, lo cual genera ingresos y oportunidades económicas para las comunidades.
Por aparte, la celebración y valorización de las tradiciones y culturas fortalecen los lazos comunitarios y promueven la convivencia pacífica.

Rabinal, Baja Verapaz, es un municipio con riqueza natural y cultural. Ahí se practica el mayor número de danzas en el país, cerca de 36.
(Foto Prensa Libre: Keneth Cruz)
“La protección y promoción del patrimonio cultural tangible e intangible en Guatemala no solo preserva la historia y la identidad del país, sino que también contribuye al desarrollo económico y social”, añade Galindo.
El investigador también reconoce la importancia de una ruta de trabajo que ayude al rescate del Rabinal Achí y de otros patrimonios. Un primer punto es elaborar un inventario exhaustivo del patrimonio cultural tangible e intangible en Guatemala, incluidos sitios arqueológicos, edificaciones históricas, tradiciones, festividades, idiomas indígenas, textos y más.
De igual manera, es preciso analizar las amenazas y riesgos a los que está expuesto el patrimonio, tales como desastres naturales, urbanización, turismo descontrolado y actividades ilegales, para establecer un marco legal y normativo robusto que proteja la herencia cultural y promueva su conservación.
Asimismo, sugiere una planificación integral que incluya educación y promoción del turismo sostenible.
El gran objetivo es incentivar la investigación e implicar activamente a las comunidades locales en la protección y promoción del patrimonio.