Leyendas de Semana Santa: Chano y su chirimía

Leyendas de Semana Santa: Chano y su chirimía

La leyenda de Feliciano Chanchavaj quien tocaba con su chirimía en el Templo de San Francisco El Grande, Antigua Guatemala, sigue presente en la tradición oral nacional.
02/04/2025 05:57
Fuente: Prensa Libre 

El templo de San Francisco El Grande tiene su origen en 1523 y pertenece a la orden franciscana. Está asentado en un área de más de dos manzanas y media, que comprende la majestuosa iglesia, su gran plazuela de dos puertas de entrada, una capilla en la parte sur y el convento. Aquí existen algunos relatos y leyendas que hacen más especial el lugar.

Este templo fue dañado por los terremotos de 1874 y 1917. La iglesia fue reconstruida durante la segunda mitad del siglo XX, luego de que el Estado guatemalteco permitiera que las órdenes regulares tuvieran propiedad en el país nuevamente y que a los franciscanos se les regresara el complejo en 1967.

Su fachada es imponente, al estilo barroco. “Muy a pesar de las depredaciones, traslados y terremotos, la iglesia mantiene retablos antiguos e imágenes”, describe Rafael Álvarez Polanco en su libro Antigua, su historia, monumentos, personajes, sucedidos y leyendas. El templo también resguarda los restos del Santo Hermano Pedro, considerado el primer alfabetizador y primer santo de Guatemala.

A un kilómetro de distancia de dicho templo, encontramos el rescate del árbol sembrado por el Santo Hermano Pedro de San José Betancur el 19 de marzo de 1657 en el jardín de El Calvario, Antigua Guatemala. A sus flores se les atribuyen efectos curativos de diversas dolencias, por lo cual los visitantes las recogen para preparar tés.

La leyenda de Chano y su chirimía

El fallecido periodista y escritor Héctor Gaitán hizo el rescate de una de las tradiciones orales que persisten en este templo antiguo.

Gaitán describía a un personaje recordado como Feliciano Chanchavaj, de San Francisco El Grande. “La gente lo admiraba porque era un chirimitero diferente (persona que toca la chirimía, una flauta de caña). Decían que improvisaba las notas”, decía Gaitán.

Una imagen de la fachada del Templo de San Francisco El Grande, en Antigua Guatemala. (Foto Prensa Libre: cortesía Templo de San Francisco El Grande)

Esta historia es de aproximadamente la década de 1950. Chanchavaj tocaba junto a un amigo que llevaba un tambor y su finalidad era hacerlo para Jesús y para el Hermano Pedro. Decía que quería alegrar un poco el ambiente, porque Jesús sufría mucho por nuestro mal comportamiento.

Gaitán también menciona a un fraile español, Juanico Madrid, quien era amigo del chirimitero y le pedía en broma que solo tocara y no diera sermones.

Un día el músico enfermó y el fraile fue a visitarlo. Para animarlo, le dijo que lo esperaba el domingo para que ambientara el lugar con su chirimía.

En la madrugada siguiente, falleció. Casi al mismo tiempo, “el padre Madrid, que no conciliaba el sueño, pudo escuchar la chirimía. Cuando salió al patio principal, el sonido desapareció. A los pocos minutos, unos familiares que llegaron al templo anunciaron la muerte de Feliciano”, dijo Gaitán.

Las personas decían que mucha gente lo vio tocando su chirimía el siguiente domingo, cuando en realidad a esa hora lo estaban sepultando en una aldea cercana.

Fray Edwin Alvarado, rector del templo de San Francisco El Grande, comparte que había escuchado esta leyenda y le parece un gesto importante de la tradición oral guatemalteca.