Banco Mundial plantea que la IA puede crear empleos en países en desarrollo, pero advierte retos para los jóvenes
La inteligencia artificial (IA) suele asociarse con grandes inversiones tecnológicas, centros de datos y modelos capaces de realizar tareas cada vez más complejas. Sin embargo, para los países en desarrollo, una de las oportunidades más relevantes podría encontrarse en herramientas más sencillas, accesibles y adaptadas a las necesidades de sus comunidades, con potencial para mejorar […]
La inteligencia artificial (IA) suele asociarse con grandes inversiones tecnológicas, centros de datos y modelos capaces de realizar tareas cada vez más complejas.
Sin embargo, para los países en desarrollo, una de las oportunidades más relevantes podría encontrarse en herramientas más sencillas, accesibles y adaptadas a las necesidades de sus comunidades, con potencial para mejorar los servicios, impulsar pequeños negocios y generar nuevas oportunidades de empleo.
Esta fue una de las principales conclusiones del foro “Pequeña IA”, más y mejores empleos, organizado en el marco de las reuniones anuales de 2026 del Grupo Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), realizadas en Bangkok, Tailandia.
La discusión reunió al presidente del Grupo Banco Mundial, Ajay Banga; a la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva; al presidente de Singapur, Tharman Shanmugaratnam, así como a representantes gubernamentales y empresas tecnológicas.
El planteamiento central fue que los países en desarrollo no necesariamente necesitan replicar los grandes modelos de inteligencia artificial que se producen en las economías avanzadas para beneficiarse de esta tecnología.
En su lugar, pueden apostar por soluciones enfocadas en problemas específicos, que funcionen en teléfonos inteligentes, requieran menos recursos informáticos y utilicen información e idiomas locales.
Durante la apertura del encuentro, se destacó que la inversión, la capacidad informática, las empresas y el talento vinculados con la IA continúan concentrados en un grupo reducido de economías, mientras que buena parte de los datos utilizados por estos sistemas están dominados por el inglés.
Ante esa brecha, la llamada pequeña IA, fue presentada como una alternativa para ampliar el acceso a la tecnología sin depender exclusivamente de las grandes plataformas. El desafío, no obstante, consiste en lograr que estas herramientas se traduzcan en resultados concretos para las personas y no permanezcan únicamente como proyectos experimentales.
EL RETO: CREAR EMPLEOS PARA MILLONES DE JÓVENES
Uno de los argumentos que marcó la discusión fue la necesidad de vincular el desarrollo tecnológico con la generación de oportunidades laborales, especialmente en los países que recibirán a nuevas generaciones de trabajadores durante los próximos años.
Ajay Banga señaló que alrededor de 100 millones de jóvenes alcanzarán la edad de trabajar en los países en desarrollo durante los próximos 10 a 15 años. A su criterio, este crecimiento demográfico puede convertirse en una oportunidad si las personas cuentan con acceso a educación, salud, infraestructura y empleos que les permitan participar productivamente en la economía.
El presidente del Grupo Banco Mundial sostuvo que la creación de puestos de trabajo debe ocupar un lugar central en las políticas de desarrollo. En ese sentido, recordó que el sector privado es responsable de la mayor parte del empleo y que los gobiernos deben generar condiciones para atraer inversiones, fortalecer el capital humano y facilitar el crecimiento empresarial.
Banga explicó que la inteligencia artificial puede contribuir a elevar la productividad en actividades como la enseñanza y la agricultura, particularmente cuando sus aplicaciones se adaptan a las condiciones de los mercados emergentes.
La discusión también puso sobre la mesa una advertencia: los países no solo deben prepararse para los puestos de trabajo que podrían transformarse o desaparecer, sino también para crear nuevas oportunidades con suficiente rapidez.
La idea planteada durante el foro fue que el riesgo para las economías en desarrollo no se limita a que la IA sustituya determinadas tareas. También existe el peligro de que estos países adopten la tecnología demasiado tarde y pierdan oportunidades para generar empleo, mejorar la productividad y reducir brechas económicas.
FMI: LA IA TRANSFORMARÁ EL MERCADO LABORAL
Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, describió la transformación tecnológica como un proceso que ya comenzó y cuyo impacto se extenderá gradualmente por las economías.
Durante su intervención, señaló que las estimaciones del organismo apuntan a que alrededor del 40% de los empleos a escala mundial podrían verse afectados por la inteligencia artificial, ya sea mediante cambios en las tareas, en la demanda de determinadas habilidades o en la estructura de las ocupaciones.
La proporción mencionada varía según el nivel de desarrollo económico: Georgieva indicó que la exposición alcanza aproximadamente el 60% de los empleos en las economías avanzadas, frente al 23% en los países de bajos ingresos.
Estas cifras no significan que todos esos puestos vayan a desaparecer. La exposición a la IA también puede implicar que algunas funciones se automaticen, otras cambien y surjan nuevas necesidades de capacitación.
La directora gerente del FMI advirtió que los trabajadores jóvenes pueden enfrentar dificultades particulares, debido a que suelen ingresar al mercado laboral mediante ocupaciones con tareas repetitivas que tradicionalmente les permiten adquirir experiencia antes de avanzar hacia otras responsabilidades.
Por ello, consideró necesario analizar de manera constante los cambios en la demanda laboral y replantear los sistemas educativos para que las personas puedan actualizar sus conocimientos durante toda su vida profesional.
Georgieva también planteó que la transformación del empleo tendrá implicaciones fiscales. Si la actividad económica depende en mayor medida del capital y disminuye la participación de los ingresos laborales, los gobiernos tendrán que evaluar cómo sostener sus ingresos públicos y financiar las políticas que faciliten la adaptación de la población.
EDUCACIÓN Y CAPACITACIÓN, SON CLAVE
El presidente de Singapur, Tharman Shanmugaratnam, coincidió en que el crecimiento económico por sí solo no garantiza la creación de suficientes empleos.
Durante el panel, advirtió sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial amplíe las diferencias entre quienes cuentan con las habilidades necesarias para aprovecharla y quienes encuentran mayores dificultades para adaptarse.
Uno de los puntos que destacó fue la situación de los jóvenes recién graduados. Según expuso, la disminución de la demanda de trabajadores principiantes en algunos sectores plantea la necesidad de adoptar políticas que faciliten su ingreso al mercado laboral.
Shanmugaratnam propuso fortalecer la colaboración entre los gobiernos y las empresas para abrir oportunidades de primer empleo, además de ampliar las pasantías y los programas de formación que combinen el aprendizaje académico con la experiencia práctica.
También llamó a revisar los modelos de educación superior para que no dependan exclusivamente de la formación teórica y las credenciales académicas, sino que respondan a las habilidades que requieren los empleos.
La capacitación, sostuvo, debe continuar durante la vida laboral. La velocidad con la que evoluciona la tecnología hace necesario que tanto los trabajadores como las empresas y las instituciones educativas puedan adaptarse a nuevas necesidades.
En esa línea, los participantes coincidieron en que no existe un único modelo educativo que funcione para todos los sectores. La preparación debe combinar conocimientos especializados, habilidades prácticas y capacidad para aprender nuevas tareas conforme cambian las condiciones del mercado.
AGRICULTURA, SALUD Y EDUCACIÓN ENTRE LAS APLICACIONES DE LA PEQUEÑA IA
El foro presentó ejemplos de cómo las herramientas de inteligencia artificial pueden utilizarse en actividades cotidianas sin requerir necesariamente sistemas de gran escala.
En la agricultura, una de las aplicaciones expuestas consiste en conectar a pequeños productores con información y servicios que les ayuden a tomar decisiones sobre sus cultivos, adquirir insumos y mejorar la comercialización de sus productos.
Durante el encuentro se explicó que una persona puede utilizar su teléfono para fotografiar una hoja afectada por una plaga y recibir orientación sobre posibles problemas y medidas que podría considerar. Estas herramientas también pueden facilitar el acceso a cooperativas, financiamiento y mejores condiciones de mercado.
En este ámbito, un representante de Google presentó el trabajo desarrollado con el Banco Mundial y el gobierno del estado indio de Uttar Pradesh mediante una plataforma de asistencia para productores agrícolas.
La iniciativa busca ampliar el acceso a este tipo de herramientas y tiene como meta llegar a 100 millones de personas en 25 países. Además, durante el foro se anunció un compromiso de Google.org por USD 2.5 millones para financiar proyectos de este tipo, con el objetivo de incorporar a un millón adicional de productores agrícolas antes de finalizar 2027.
Los trabajos mencionados comenzaron en países como India, Nigeria, Kenia, Etiopía, Brasil y Filipinas.
En el campo de la salud, los participantes describieron aplicaciones que pueden ayudar a los trabajadores comunitarios a identificar señales de alerta y facilitar la conexión entre pacientes y especialistas.
Uno de los ejemplos presentados fue el de una trabajadora comunitaria de la India que atiende a una población de aproximadamente mil personas.
Con apoyo de herramientas de IA, podría obtener estimaciones de ciertas medidas de un recién nacido a partir de un video breve y detectar cuándo necesita atención prioritaria.
También se expusieron aplicaciones que analizan sonidos de tos para identificar posibles señales de tuberculosis y herramientas que examinan imágenes de la retina para detectar indicios de retinopatía diabética.
Estas aplicaciones fueron presentadas como instrumentos de apoyo para la detección y la toma de decisiones médicas, no como sustitutos de los profesionales de la salud. La intervención de un médico continúa siendo fundamental para evaluar la información y determinar las medidas correspondientes.
Los ejemplos reflejan una de las ventajas atribuidas a la pequeña IA: facilitar que trabajadores que operan lejos de los grandes centros urbanos tengan acceso a información especializada y puedan mejorar la atención que brindan.
En educación, el foro también abordó una iniciativa desarrollada en El Salvador con participación de SpaceX, según la cual se busca ofrecer tutoría personalizada mediante IA a estudiantes de diferentes zonas del país.
El sistema pretende que los alumnos puedan aprender a su propio ritmo, con base en el plan de estudios nacional, mientras los docentes reciben capacitación para incorporar la herramienta a su trabajo. Durante la presentación se insistió en que la tecnología no está concebida para prescindir de los maestros, sino para apoyar su labor.
Los participantes señalaron que la evaluación de estos programas debe incluir resultados de aprendizaje y seguimiento de su funcionamiento, en lugar de limitarse a contabilizar cuántas escuelas o personas tienen acceso a una plataforma.
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PEQUEÑOS NEGOCIOS TIENEN OPORTUNIDAD
Otra de las experiencias presentadas durante el foro provino de Tailandia, donde se impulsa el uso de inteligencia artificial para apoyar a comerciantes y pequeños empresarios.
La herramienta expuesta funciona como un asistente de negocios que ayuda a dar seguimiento a las ventas, identificar los horarios de mayor actividad, comparar el desempeño de establecimientos y comprender mejor los costos y los movimientos de dinero.
Además, puede facilitar la preparación de información financiera para solicitar préstamos o garantías de crédito mediante bancos participantes.
La propuesta busca que los comerciantes utilicen datos para tomar decisiones, administrar mejor sus recursos y disponer de herramientas que anteriormente podían estar fuera de su alcance.
El viceprimer ministro y ministro de Finanzas de Tailandia, Nitan Prapas, explicó que la estrategia de su país contempla tres prioridades: mejorar los empleos existentes mediante la IA, desarrollar capacidades para nuevas ocupaciones y procurar que los beneficios alcancen a distintos sectores de la población.
El funcionario señaló que no basta con atraer inversiones en centros de datos, semiconductores y servicios digitales. También es necesario que esas inversiones se traduzcan en oportunidades laborales para los ciudadanos y que las pequeñas empresas, las universidades y los emprendimientos puedan acceder a las nuevas herramientas.
La experiencia presentada ilustra cómo una aplicación específica puede contribuir a mejorar la gestión de un negocio y, si este crece, facilitar la contratación de más trabajadores.
Durante el encuentro también se mencionaron oportunidades en el turismo, la economía verde, los servicios financieros, la pesca y las industrias creativas, sectores en los que la capacitación tecnológica puede contribuir a mejorar la productividad y ampliar las oportunidades económicas.
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INFRAESTRUCTURA, DATOS LOCALES Y CONFIANZA
Pese al potencial expuesto, los participantes advirtieron que la adopción de la inteligencia artificial no depende únicamente de disponer de una aplicación.
Georgieva subrayó que las economías en desarrollo necesitan acceso a electricidad e infraestructura digital para aprovechar estas tecnologías. También destacó la importancia de que los gobiernos establezcan mecanismos de protección frente a actores que puedan utilizar la IA con fines perjudiciales.
Durante el foro se insistió en que las herramientas deben construirse con información pertinente para las comunidades donde serán utilizadas. Un modelo que funciona en un entorno de prueba puede encontrar dificultades cuando se incorpora a las condiciones reales de una clínica, una escuela o una explotación agrícola.
Por esa razón, se planteó que el desarrollo de una solución tecnológica debe acompañarse de trabajo con las instituciones públicas, adaptación a los datos locales, capacitación de los usuarios e integración en las actividades cotidianas.
La confianza fue otro de los temas centrales. Tiffany Ching, participante en la discusión sobre innovación responsable, advirtió que la capacidad de una herramienta para producir respuestas convincentes no garantiza que sean correctas ni que sus resultados sean beneficiosos.
La especialista sostuvo que es necesario establecer mecanismos de responsabilidad y supervisión para asegurar que los sistemas se utilicen de forma segura. También alertó sobre el riesgo de que las personas acepten automáticamente las respuestas de la IA y dejen de ejercer su propio criterio.
En esa discusión se destacó la importancia de diversificar las herramientas disponibles, proteger los datos locales y garantizar que las personas puedan verificar las recomendaciones recibidas.
El objetivo, según los planteamientos expuestos, no debe ser elegir entre innovación y responsabilidad, sino avanzar en ambas direcciones para que los beneficios lleguen también a las comunidades que históricamente han tenido menor acceso a la tecnología.
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¿QUÉ IMPLICA ESTE DEBATE PARA PAÍSES COMO GUATEMALA?
Aunque los ejemplos presentados durante el foro se concentraron en experiencias de Asia, África y otras regiones, las discusiones plantean interrogantes relevantes para países como Guatemala, donde la adopción de la IA tendría que responder a las condiciones de acceso a internet, disponibilidad de dispositivos, formación de los trabajadores y necesidades de las empresas.
En actividades agrícolas, por ejemplo, herramientas de bajo costo podrían facilitar el acceso a información sobre cultivos, plagas, insumos y comercialización. En salud, podrían apoyar a los trabajadores que atienden comunidades alejadas de los servicios especializados. Para los pequeños negocios, podrían ofrecer alternativas para organizar inventarios, analizar ventas y administrar gastos.
En educación, el uso de estas soluciones podría contribuir a complementar los procesos de enseñanza, siempre que exista preparación docente, conectividad suficiente y evaluación de los resultados.
Sin embargo, las experiencias expuestas por el Banco Mundial y los participantes del foro no constituyen evidencia de que estos beneficios ya se estén produciendo en Guatemala. Su posible aplicación dependería de las condiciones locales, de la pertinencia de las herramientas y de la capacidad de las instituciones y empresas para incorporarlas de manera efectiva.
La discusión también deja una advertencia para el mercado laboral guatemalteco: la preparación no puede limitarse a enseñar a utilizar una aplicación. Los trabajadores necesitarán desarrollar habilidades para resolver problemas, interpretar información, verificar resultados y adaptarse a tareas que pueden cambiar con el avance de la tecnología.
A su vez, las empresas y las instituciones educativas tendrían que identificar cuáles son las competencias que requieren los distintos sectores y facilitar oportunidades de formación práctica, especialmente para quienes buscan su primer empleo.
El desafío consiste en evitar que la transformación tecnológica amplíe las diferencias entre quienes pueden aprovecharla y quienes carecen de las herramientas necesarias para hacerlo.
La conclusión planteada durante el foro es que la inteligencia artificial puede contribuir a mejorar los empleos, fortalecer los servicios y abrir oportunidades económicas, pero sus resultados no están garantizados por la tecnología en sí misma. Para convertir ese potencial en beneficios concretos, los países necesitan invertir en capacidades humanas, infraestructura, soluciones adaptadas a su realidad y mecanismos que permitan utilizar la IA de manera responsable.